Oct 07

Internet para chinos

Como no podía ser de otra manera, es el país del mundo con mayor número de internautas, es decir, de personas que utilizan los servicios de internet. Ni más ni menos que 400 millones de chinos tienen acceso a la red de redes, si bien, a tenor de lo dispuesto por las autoridades del país asiático, no parece que pueda servirles para mucho dado que no van a tener por donde poder navegar.

El gobierno de la República Popular Chinajsj cinco minutos 2010 controla con mano férrea todo lo que puede verse en internet. Con el fin de profundizar en dicho control ha emitido una serie de disposiciones que prohíben el acceso a páginas que divulguen informaciones “contra los principios de la Constitución, que pongan en peligro la seguridad del Estado, divulguen secretos estatales, subviertan el poder estatal y pongan en peligro la unificación nacional”. Además, prohíbe también aquellos datos que “dañen el honor e intereses del Estado”, los que instiguen “odio interétnico o discriminación” o los que diseminen “herejías, supersticiones, rumores, ideas que quiebren el orden y la estabilidad social” así como “obscenidades, pornografía, apuestas ilegales, violencia, brutalidad y terror”. O sea, que los chinos tienen internet pero, si se cumplen todas estas prohibiciones, es como si no tuvieran.

Porque si nos ponemos a analizar lo que las autoridades chinas quieren controlar, que no creo lo hagan por la salud mental e intelectual de sus conciudadanos precisamente, las páginas de internet con dichos contenidos pueden suponer el mayor porcentaje de las existentes en la red. Raro es el día en que los medios de comunicación no publican alguna noticia relacionada con datos violentos relacionados con internet. Suplantación de personalidad, citas falsas, desapariciones, todo un sinfín de situaciones que pueden hacer las delicias de un escritor de novela negra pero que son realmente preocupantes.

Como casi siempre, el problema no es la tecnología sino el uso que hacemos de ella. Internet ha supuesto un cambio cultural y una modificación de las relaciones personales, más allá de la inagotable fuente de información y conocimiento que representa. La juventud, y los no tan jóvenes, van abandonando de manera progresiva las relaciones personales por horas y horas frente a las pantallas de ordenador, terminales con acceso a la red, móviles con sistemas de navegación, etc.

La aparición de redes sociales como Facebook, Tuenti, Twitter y demás, permite, como diría el cantante brasileño Roberto Carlos “tener un millón de amigos”. Sirve para todo: colgar fotografías, compartir aficiones, organizar quedadas , buscar pareja, recuperar viejas amistades e ,incluso,, reunir a los compañeros de estudios de la etapa de primaria cuando te pasabas el día jugando al balón o en peleas en el patio del colegio.

Pero también tiene una parte oscura que conviene no olvidar. Quién no sabe moverse por la Red empieza a adquirir la condición de analfabeto del siglo XXI. De ahí a las desigualdades sociales hay tan sólo un paso. Por seguir con el ejemplo de los chinos, sin ir más lejos, sobre una población de más de mil trescientos millones de personas, tan sólo algo menos de la tercera parte tiene acceso a internet. Si a eso le añadimos que, mayoritariamente, las personas que acceden a la red son urbanitas y más de la mitad de la población china vive en el campo, podemos comenzar a hacernos una idea del nivel de “analfabetismo tecnológico” existente en el gigante amarillo, suponiendo que sea cierta la premisa enunciada unas líneas más arriba.

Además, la red genera otro problema: dejamos huellas continuas de de nuestro paso. Los grandes proveedores de acceso a internet han tenido problemas con la seguridad. ¿Cómo somos conscientes de que nuestra privacidad está asegurada?. A tenor de lo que recogen los medios de comunicación, malamente. Facebook ha reconocido sus problemas para asegurar la privacidad de los datos de sus usuarios; Google ha tenido problemas similares y, a mayores, seguro que los “agüjeros” de información son grandes y permanecen aún ocultos al conocimiento general.

Sin embargo, como en la película de Marilyn Monroe, la tentación vive arriba. Está ahí. Para atajarlo el gobierno chino ha empezado a poner medidas que eviten que sus conciudadanos se les solivianten y puedan empezar a pensar por su cuenta. No es nada nuevo: George Orwell lo vaticinó en su obra “1984”. El Gran Hermano, el de verdad, no el de los realitys shows de televisión, está ahí. Controla, dirige y orienta, pero nada se escapa a su visión.

Mientras tanto los chinos lo van a tener complicado si se prohíben todas las páginas con contenidos como los señalados al inicio de esta columna. Les queda como consuelo pensar que siempre les quedará Bruce Lee y Jackie Chang y sus tradiciones.

Javier San José

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