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May 31

LA LEY de ECONOMIA SOCIAL: Si, pero … matizando.

El pasado miércoles, 30 de Marzo se publicaba  en el Boletín Oficial del Estado la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social.

Como consecuencia de la misma se han producido diversas manifestaciones de dirigentes de organizaciones pertenecientes a este sector de la economía expresando su satisfacción y conformidad con sus contenidos.

Se destaca que la ley ha sido aprobada por unanimidad, tanto en el Congreso como en el Senado (es que somos buena gente y no damos guerra).

Esta ley es, también, la consecuencia del compromiso adquirido por el Presidente del Gobierno en su encuentro con CEPES (la organización representativa de la Economía Social) con el objetivo de potenciar el sector y facilitar la participación del mismo en la construcción de políticas públicas.Ley foto familia

Se valora el reconocimiento institucional, económico y social, a los valores esenciales de la Economía Social y ha supuesto un nuevo impulso para la visualización del sector.

Parece ser, por tanto, que todo el mundo está contento.  Y si todo el mundo está contento, pues yo también, que me alegro por la felicidad de los demás.

Al hilo de este acontecimiento recuerdo cuando una delegación de CEPES fuimos al Parlamento Europeo hace ya bastantes años.  En un momento de la reunión, y seguramente como consecuencia de las distintas intervenciones que se iban haciendo, un europarlamentario, creo que francés, preguntó qué entendíamos por Economía Social.

Siempre se agradece que a uno le pregunten por lo que sabe, pero lo que sucedió fue que hubo tantas definiciones sobre la Economía Social como organizaciones estábamos presentes.

El europarlamentario acabó su reflexión diciendo que no estaría nada mal que nos pusiéramos de acuerdo para cuando volviéramos a Bruselas a plantear algo.

Si hoy, 2011, vemos qué organizaciones forman parte de CEPES, observaremos que están las cooperativas, las sociedades laborales, las mutualidades, los centros especiales de empleo, las empresas de inserción, las cofradías de pescadores y las asociaciones de la discapacidad.

¿Qué tenemos en común?.  Me costaría explicarlo, aunque si tuviera que hacerlo, lo haría.  Recurriendo a los valores y a la persona, no tanto a postulados económicos.

¿En qué se parecen las cooperativas de trabajo asociado y las Sociedades Laborales al resto?.  Unas, empresas que compiten en el mercado, otras, vinculadas a la asistencia social.

Quien tenga memoria recordará que cuando en CEPES se han planteado enmiendas a la ley de Acompañamiento de los Presupuestos Generales, cada organización reclamaba “¿y de lo mío qué?”, haciendo casi imposible que los políticos pudieran, primero comprender, y después defender aquellos postulados, dada la dispersión.

Ahora tenemos una Ley.  Una Ley armonizadora, que quiere armonizar lo que es difícilmente armonizable.  Y aquí está la cuestión.

La Ley establece en su artículo 4, los principios orientadores para las entidades de economía social, principios que se supone, deben cumplir las entidades que formen parte de la economía Social, según se explicita en el artículo 2 de la ley.

Estos principios son:

a)    Primacía de las personas y del fin social sobre el capital, que se concreta en gestión autónoma y transparente, democrática y participativa, que lleva a priorizar la toma de decisiones más en función de las personas y sus aportaciones de trabajo y servicios prestados a la entidad o en función del fin social, que en relación a sus aportaciones al capital social.

b)    Aplicación de los resultados obtenidos de la actividad económica principalmente en función del trabajo aportado y servicio o actividad realizada por las socias y socios o por sus miembros, y en su caso, al fin social objeto de la entidad.

c)     Promoción de la solidaridad interna y con la sociedad que favorezca el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de la exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad.

d)    Independencia respecto a los poderes públicos.

Si accedemos a los principios cooperativos, veremos que estamos hablando exactamente de lo mismo.  En esta Ley se ha reflejado el dominio ideológico y formal que ejerce el cooperativismo, y más el de trabajo asociado, sobre el resto de modelos.

Las sociedades laborales ya nos habíamos posicionado en contra de los postulados a) y b) de los principios expuestos.  Y lo hicimos en la reunión de la Comisión Ejecutiva de Confesal del 22 de Abril de 2010 celebrada en Bilbao, como así se recoge en el punto 7 del acta de la reunión.

Decíamos entonces que las sociedades laborales no podíamos admitir, como empresas de capital que somos, que se desvirtúe el concepto y se confunda con una cooperativa,(una persona un voto) y que dice anteponer la primacía de las personas sobre el capital. En las Sociedades Laborales las decisiones vinculadas a los aspectos societarios se toman en función de la aportación de capital de cada persona, que en muchos casos, es diferente. Nosotros hacemos empresas para las personas, pero no alardeamos de una falsa supeditación que en el mundo del capital no es posible formalmente. Las Sociedades Laborales buscamos el equilibrio entre el desarrollo económico y el desarrollo de las personas.  Si no hay empresa, competitiva y rentable, no hay posibilidad del desarrollo humano en el empresa.

La sociedad laboral distribuye el beneficio en función de la aportación al capital social, no según el régimen cooperativo, que es lo que refleja el apartado b) de los principios.

Confesal defendió entonces un texto con el cual nos viéramos mejor identificados, pero no se ha cambiado una coma.

Que yo sepa, el planteamiento de Confesal, intentando un texto más acorde a lo que somos las sociedades laborales, no habría cambiado, hasta que nos hemos desayunado con la extrapolación de los principios cooperativos a toda la Economía Social. Y no todo el monte es orégano.  Hay distintos modelos y distintas realidades.  No es bueno que quien se considera mayoría condicione a todos los demás.

Dicen los franceses que la Economía Social es el conjunto de entidades no pertenecientes al sector público que con funcionamiento y gestión democráticos e igualdad de derechos y deberes de los socios, practican un régimen especial de propiedad y distribución de las ganancias, empleando los excedentes del ejercicio para el crecimiento de la entidad y mejora de los servicios a la comunidad.

Viene a ser parecido, pero distinto.  A mí me suena mejor.

Las Sociedades Laborales somos Economía Social porque queremos.  Porque siendo empresas de capital, son las personas las propietarias y deciden su futuro.  Competimos de igual a igual en el mercado, y con las mismas reglas y la misma política fiscal que las sociedades de capital convencionales, y bastante más gravosa que la de las cooperativas.  Entendemos los principios cooperativos, los respetamos, en muchos casos, los aplicamos, pero jugamos con cartas distintas  y principios diferentes.  Las sociedades laborales somos distintas de las cooperativas y de otros modelos de economía social  Ni mejores, ni peores.  Distintas. Y así queremos seguir siendo.

Sea bienvenida la Ley de Economía Social porque acota su espectro.

Nosotros formamos parte de la economía social por decisión libre, consciente y voluntaria, no porque alguien tolere nuestra presencia en el sector o nos deje estar.

Las sociedades laborales matizamos los principios orientadores a) y b), como ya quedó reflejado hace un año.  Por eso me ha llamado mucho la atención que los cuatro máximos dirigentes de Confesal abandonaran la comisión Ejecutiva por hacerse una foto triunfante ante el Congreso de los Diputados, máxime cuando la opinión de las Sociedades laborales no ha quedado  reflejada.

 Aún así, es de justicia reconocer cómo el Presidente de CEPES, Juan Antonio Pedreño, equilibra en su discurso todos los modelos y hace una muy buena defensa colectiva de la Economía Social.

Tenemos diferencias, pero que nadie se preocupe, porque la economía social tiene y tendrá siempre un gran aliado en las sociedades laborales.

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