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Hablar, escuchar, decidir: el triángulo de la gobernanza participativa

En el ecosistema de las sociedades laborales, la comunicación no es un mero accesorio de la gestión ni un simple canal para transmitir instrucciones. Es, en realidad, una pieza estructural del propio modelo de empresa. Cuando las personas trabajadoras son, al mismo tiempo, socias y propietarias, la comunicación se convierte en el tejido que sostiene la relación entre el proyecto colectivo y las decisiones estratégicas que garantizan su futuro.

Para que una organización funcione bajo un modelo de buena gobernanza, debe equilibrar tres vértices fundamentales: la capacidad de transmitir con claridad (hablar), la apertura para recibir retorno (escuchar) y el rigor para ejecutar la visión estratégica (decidir).

Mucho más que información: una cuestión de cultura

La comunicación es el fiel reflejo de la cultura de una empresa; es la forma en la que hemos aprendido a relacionarnos con las personas y con la propia información. Una cultura comunicativa cuidada no solo clarifica responsabilidades, sino que genera un marco de confianza donde los roles están bien definidos.

Para que este triángulo sea sólido, debemos entender que:

  • Comunicar es un proceso continuo: No es un hito aislado, sino un flujo constante que evita interpretaciones fragmentadas.
  • Sin feedback no hay comunicación: Emitir mensajes sin comprobar que ha llegado al otro lado convierte la gestión en un ejercicio unidireccional con resultados inciertos.
  • La flexibilidad es la clave: Lo que funciona en una etapa de estabilidad puede no servir en un contexto de cambio.

Los cuatro ámbitos del mensaje

Para no generar «ruido» y ser efectivos, es vital identificar en qué ámbito nos estamos moviendo. En una sociedad laboral, la comunicación debe ser equilibrada en cuatro dimensiones:

  1. Estratégica: Para dar sentido y rumbo al proyecto, conectando el día a día con el futuro.
  2. Operativa: Para que el funcionamiento cotidiano y la coordinación técnica sean fluidos.
  3. Personal: Centrada en el desarrollo, el desempeño y el bienestar de cada individuo.
  4. Societaria: El vínculo específico que permite a las personas socias ejercer su rol de propiedad de manera informada.

En el ecosistema de las Sociedades Laborales, la clave de la sostenibilidad reside en la salud de la relación entre la propiedad, la gestión y las personas trabajadoras. Para que este vínculo sea sólido y profesional, es fundamental que cada órgano del modelo de gobernanza asuma la comunicación como una responsabilidad intrínseca e inseparable de su propia función.

Esta relación se articula a través de un equilibrio de derechos y obligaciones comunicativas. No se trata de un acceso indiscriminado a la información, sino de garantizar que cada agente reciba lo necesario para decidir con criterio (derecho) y, al mismo tiempo, comparta aquello que permite al resto de la organización actuar con sentido, transparencia y coherencia (obligación). Solo mediante este reparto claro de roles comunicativos se logra una empresa cohesionada, donde cada parte ejerce su cometido con total legitimidad y eficacia.

La confidencialidad como herramienta de confianza

A menudo se confunde transparencia con «contarlo todo», pero la comunicación sana requiere límites. La confidencialidad no es opacidad; es una herramienta que permite a cada órgano deliberar sin presiones innecesarias y protege la privacidad de datos sensibles. Saber qué no corresponde conocer a cada rol es fundamental para evitar el ruido y centrar el esfuerzo en lo que realmente importa para la buena marcha de la sociedad

El objetivo final de este modelo es que cada organización pueda construir su propio Mapa de Comunicación. Identificar los sistemas formales, cuidar los espacios informales y asegurar que la información llegue a tiempo a las personas adecuadas es lo que transforma una empresa en una verdadera comunidad de trabajo y propiedad.

En definitiva, hablar con propósito, escuchar con atención y decidir con transparencia es el único camino para fortalecer la cohesión y la competitividad en la economía social.

 

Este artículo forma parte del proyecto «Gobernanza Participativa» financiado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social.

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